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CONCEPTOS DEL ANALISIS DE ACCIDENTES

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Para nuestros lectores, otra pequeña entrega de la Gran Enciclopedia de la OIT

Kirsten Jørgensen

El presente artículo pretende ser una guía para calcular la magnitud del problema de los accidentes, más que una mera escripción de la misma. En los accidentes laborales puede estimarse de formas diferentes, en función de si lo que se desea es veriguar la magnitud que ha tenido el problema o la que tendrá en el futuro. (Puede pensarse que esta distinción es innecesaria, pues el conocimiento del alcance actual de un problema servirá para indicar cuál tendrá en el futuro). La magnitud de un problema, así como sus diferentes tipos, varía según los países, los sectores y los lugares de trabajo.

Un accidente puede definirse como el resultado de una cadena de acontecimientos en la que algo ha funcionado mal y no ha llegado a buen término. Se ha demostrado que la intervención humana puede evitar que se produzcan las lesiones y los años a que conduciría esa cadena de sucesos. Ahora bien, si tenemos en cuenta la intervención humana, podemos concluir que hay muchas más cadenas de acontecimientos potencialmente peligrosas de las que llegan realmente a producir lesiones.
Ha de tenerse esto en cuenta al evaluar en toda su extensión los riesgos existentes en los lugares de trabajo. La asunción de que los acontecimientos que acaban produciendo lesiones se deben a ciertos factores existentes en los lugares de trabajo, lleva a
concluir que la magnitud del problema debe determinarse en función de la existencia y frecuencia de tales factores.
En el caso de los accidentes de trabajo, la magnitud del problema puede estimarse retrocediendo en el tiempo y comparando el número de accidentes (tasa de incidencia) con su gravedad (jornadas de trabajo perdidas). Sin embargo, si se pretende realizar un cálculo prospectivo, habrá que evaluar la presencia de factores de riesgo en el lugar de trabajo, es decir, de quéllos que puedan dar lugar a accidentes.

Puede obtenerse una visión completa y precisa de la situación de los accidentes en el lugar de trabajo mediante la aplicación de un sistema global de partes y registros. El análisis de partes de accidente bien elaborados puede facilitar el conocimiento de las
relaciones básicas esenciales para comprender sus causas. La determinación de los factores de riesgo es fundamental para estimar con precisión la magnitud del problema. Es posible llegar a conocer los factores de riesgo más importantes analizando
la información detallada que ofrece cada parte relativa a la situación de los trabajadores y los operarios en el momento el accidente, lo que estaban haciendo y manipulando, los medios que utilizaban, los daños y lesiones producidas y otras cuestiones afines.

Riesgo

La medición del riesgo debe efectuarse en función de la información relativa al número y la gravedad de las lesiones sufridas en el pasado, lo que ofrece una estimación retrospectiva. Hay dos tipos de datos que permiten definir los riesgos de lesiones que corren las personas:

La medición del riesgo ofrece un cálculo de la frecuencia de las lesiones y una medida de su gravedad. Puede definirse como el número de días de trabajo perdidos (o de fallecimientos) por número de trabajadores (p. ej., en Dinamarca el riesgo de morir en un accidente de trabajo es de 3 por cada 100.000 trabajadores).
La evaluación del tipo de riesgo o elemento de peligro indica no sólo las fuentes de exposición y otros factores nocivos que pueden provocar un accidente, sino también las circunstancias que dan lugar a la lesión o el daño.

Por ejemplo, el trabajo realizado en un lugar elevado entraña un riesgo de caída que puede producir lesiones graves; lo mismo sucede en el trabajo con instrumentos cortantes respecto al contacto con piezas afiladas, o el trabajo con máquinas muy ruidosas durante períodos prolongados, que puede generar daños en la capacidad auditiva.

El sentido común está presente en numerosos tipos de riegos. Por ejemplo, si uno trabaja en un sitio alto, puede caerse; si el suelo está resbaladizo, puede patinar; si hay cerca objetos punzantes, puede cortarse. No obstante, a otros muchos tipos de riesgo no puede aplicárseles el sentido común, pues pasan inadvertidos.

El trabajador debe ser informado de tales riesgos (p. ej., de los daños que origina el ruido en el oído; de cómo afectan al cerebro determinados disolventes; del envenenamiento agudo que causa la inhalación de algunas sustancias químicas).

En todo caso, nuestro conocimiento sobre los tipos de riesgos, sean o no evidentes, adquiridos gracias a la experiencia diaria o a trabajos de investigación, se basan en acontecimientos pasados. Con todo, una cosa es saber qué ha ocurrido y otra predecir lo que ocurrirá en el futuro. Debe señalarse que la base para el reconocimiento del riesgo viene dada tanto por el conocimiento de las fuentes de exposición y otros factores potencialmente nocivos que pueden causar daños o lesiones cuando se unen a determinadas tareas, como por el de los factores capaces de aumentar o reducir los factores de riesgo que influyen en la medición de éste.

Factores que determinan el riesgo

Los factores de mayor importancia al determinar el riesgo son:
los que determinan la presencia o la ausencia (o la posibilidad) de cualquier tipo de riesgo;
los que aumentan o reducen la probabilidad de que tales riesgos se traduzcan en lesiones o accidentes, los que afectan a la gravedad de las lesiones asociadas con tales riesgos.

 

Quedando ala espera de tus comentarios y sugerencias y por supuesto las críticas constructivas, que siempre son tomadas en cuenta

La Teoría de Homeostasis del Riesgo

A continuación te dejamos otra entrega del libro “Riesgo Deseado?”, esperamos tus comentarios

El término “homeostasis” no se refiere a  a un resultado final fijo e invariable, ni a un estado inmutablemente fijo de los acontecimientos, sino a un proceso dinámico de tipo particular que ajusta la salida real a un objetivo. Los procesos homeostáticos controlan muchas de nuestras funciones corporales, tales como la temperatura interna, la presión arterial, el ritmo cardiaco y el nivel de azúcar en la sangre; y sirven para darles a nuestras células un ambiente en el cual funcionan de manera óptima.

La presión sanguínea en nuestras arterias por ejemplo, es controlada básicamente de la siguiente manera. La presión es generada por el corazón al bombear sangre a través de las arterias; más allá de las arterias principales, hay arterias más pequeñas que se encuentran rodeadas por bandas musculares. Mientras más se contraigan estos músculos, mayor será el incremento en la presión arterial porque se ejerce una mayor resistencia al flujo sanguíneo, exactamente igual que usted puede aumentar la presión del agua en una manguera oprimiendo su extremo. La presión es monitoreada por unos sensores en las arterias principales que llevan la sangre al cerebro. Las señales de estos sensores son enviadas al cerebro, que en su momento, controla la actividad de bombeo del corazón y el grado de contracción de los músculos que rodean a las arterias menores. Estos músculos se relajan cuando la presión sanguínea excede el nivel de presión prefijado, y se contraen cuando la presión cae por debajo de dicho nivel.

Los niveles prefijados varían conforme se requiere. La presión sanguínea se reduce durante el sueño, mientras que durante el ejercicio, puede duplicarse. Esto no significa que haya una deficiencia ni mucho menos un desarreglo del mecanismo homeostático, sino simplemente marca que el nivel de presión ha sido reajustado por el hecho de que las necesidades del cuerpo han variado. Lo mismo sucede con la fiebre.

El control termostático

Siendo la homeostasis una característica común en los organismos vivientes, también se ha hecho funcionar este proceso en muchos artefactos hechos por el hombre, tales como lavadoras, secadoras de ropa, pilotos automáticos, humidificadores, controles de velocidad en autos, refrigeradores, unidades de aire acondicionado y calefacción central. Al aplicar el proceso homeostático a equipos de calefacción y enfriamiento, éste otorga control termostático y de este modo termostasis con la ayuda del termostato común. Como el funcionamiento del control termostático es más fácil de inspeccionar que el funcionamiento interior de un organismo, servirá como un ejemplo práctico para ilustrar más detenidamente el proceso de la homeostasis.

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Modelo homeostático de relación entre la temperatura ambiente y la actividad del sistema de calefacción y viceversa; relacionando la actividad del sistema de calefacción a la temperatura ambiente a través de la temperatura elegida (objetivo) como la variable de control.

Las características básicas del control homeostático de temperaturas en un sistema de calefacción/enfriamiento, se muestran en el diagrama de flujo de la Figura. Los principios operativos se pueden explicar como sigue:

Bloque 1: Usted, el usuario de este sistema de control, considera varios factores al determinar la temperatura elegida. La temperatura preferida, usualmente esta comprometida entre el grado de confort que idealmente desea por un lado, y por el otro por el costo de la energía necesaria para el calentamiento o el enfriamiento.

Bloque a: La temperatura elegida se fija en el control del termostato, es llamada la variable a establecer. Es una variable porque usted puede elegir entre un rango completo de temperaturas a fijar. Si el costo de la energía se eleva, usted tiende a elegir una relación diferente entre consideraciones de confort y costo, y fija la temperatura deseada en un nivel diferente.

Bloque b: El control del termostato, continuamente compara la lectura real del termómetro con la temperatura elegida; esta comparación es hecha en un punto del proceso de regulación y por ello es llamado comparador o punto sumatorio.

Bloque c: Cada vez que hay una diferencia (simbolizada como |a-b|) entre la lectura del termómetro y la temperatura elegida, y dicha variación es mayor que una tolerancia dada de digamos 2 al 5%, el generador de aire caliente (calefactor) o aire frío (aire acondicionado) se activa. El propósito de éste es mantener la diferencia entre a y b cercana a cero y ésto se logra a través de un interruptor sensible a la temperatura que le indica a la unidad que produzca aire caliente o frío, o que no haga absolutamente nada.

Bloque d: Con la intención de ajustar la temperatura ambiente a la temperatura establecida, el aire que se forza a entrar en la habitación está algo más caliente que el valor fijado en el caso de la calefacción termostática y algo más frío en el caso del aire acondicionado.

Bloque e: Como resultado de ésta acción de ajuste, la temperatura de la casa es cambiada en la dirección de la temperatura elegida.

Símbolo f: Como el control del termostato normalmente no está localizado en las cercanías de las salidas de aire (por razones obvias), y a causa de que a la temperatura del aire alterado le toma algún tiempo difundirse a través de la habitación para finalmente llegar al termómetro, hay un retraso en el tiempo entre la producción de la temperatura ajustada en la habitación y la lectura del termómetro. Esto retorna el proceso otra vez al bloque b e inicia otro ciclo de ajuste; de ahí el termino “ciclo cerrado”.

Proximamente una nueva entrega de algunos pasajes de este libro, un documento que da para pensar …..

Del Libro Riesgo Deseado

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En esta entrega, te presentamos las primeras lineas, para ir entrando en tema, espero que te sea de ayuda.

“Los seres humanos nunca pueden estar totalmente seguros del resultado de sus decisiones; o sea, todas las decisiones son decisiones de riesgo. Usted ha tomado ahora mismo una decisión de riesgo al abrir este libro y leer las primeras líneas; y al hacerlo, se encuentra ahora encarando otra más: seguir leyendo o dejar nuevamente este libro en el librero.

¿Y que hago yo como el autor del libro? No tengo ni que decir que lo que yo quisiera es que usted leyera todo el libro, sólo porque yo lo escribí. Si elige seguir leyendo, existe la posibilidad (aunque sea ligera) de que después de todo, sienta que podría haber ocupado su tiempo en algo mejor. Pero si ahora mismo vuelve a dejar este libro en el librero, puede sentir más tarde la inquietud de haber perdido la oportunidad de aprender algo de importancia para su propia vida, la de aquellos que usted ama o para la gente en general. ¿Así que, cual de las dos decisiones de riesgo va a tomar?

Elegí un estilo de escritura y presentación del contenido que–yo espero–le motivará a seguir leyendo. Pero de manera contraria a mis intenciones, usted puede juzgar mi estilo muy popular o muy académico, y el contenido muy amplio o muy limitado. De hecho, al tratar de alcanzar grandes números de diversos lectores, muchos escritores han alcanzado muy pocos a pesar de la vital importancia para todos de sus temas.

De esta manera ambos, el escritor y el lector, se enfrentan a la toma de riesgos; aunque las posibles consecuencias en este caso sean relativamente triviales, pero hay riesgos más severos: aquellos relacionados con los accidentes, lesiones, daño significativo a la propiedad, muerte, enfermedad e incapacidad física. Son estos riesgos severos los que conforman el tema principal de las páginas siguientes.

Un gran número de estos contratiempos son la consecuencia de nuestras acciones diarias, nuestros hábitos y estilos de vida. Nos sujetamos a la probabilidad de estos percances cada vez que manejamos nuestros autos, abordamos un avión, subimos una escalera, fumamos otro cigarro o tomamos otro trago, cruzamos la calle, levantamos un objeto pesado, tenemos sexo con alguien que apenas conocemos, prendemos una fogata, vamos a nadar o a correr, manejamos herramientas, y así infinitamente.

Cuando esta clase de percances ocurren, usualmente involucran a relativamente poca gente, pero siendo tan comunes, estos “pequeños” desastres se suman en grandes cifras en las estadísticas de una nación. Millones de personas se exponen rutinariamente cuando no diario o incluso varias veces al día, a actividades peligrosas, y es precisamente de sus acciones que este libro se ocupa. El enfoque no será en las más bien infrecuentes decisiones tomadas por pocas gentes con consecuencias potencialmente desastrosas para muchas personas, como el decidir iniciar una guerra, instalar y operar una central nuclear o trasladar una carga peligrosa a través de un área densamente poblada.

Al discutir estadísticas y datos de investigaciones acerca de los riesgos más severos tomados por grandes cifras de personas, encontraremos muchos hallazgos que pueden sorprendernos al principio. Por ejemplo, todos sabemos que el fumar está asociado con varias enfermedades pulmonares y cardiacas y por ende, con la muerte prematura. Sabemos también que el dejar de fumar reduce las probabilidades de contraer dichas enfermedades. Usted podría esperar una menor incidencia de enfermedades pulmonares y cardiacas entre la gente que haya sido advertida de ésto por sus médicos y que haya dejado de fumar. Su expectativa sería correcta. Estas enfermedades de hecho se desarrollaron menos a menudo en este grupo.

No obstante, si también esperaba una tasa de mortalidad más baja para este grupo, los hechos demuestran que usted está equivocado. En una comparación entre un grupo de personas que dejó de fumar y un grupo control, se encontró que el tiempo de vida de quienes dejaron de fumar fue un poco menor! La diferencia en las tasas de mortalidad entre el grupo que dejó de fumar y el de control no fue significativa estadísticamente, esto significa que la probabilidad de muerte sobre la base del mero azar fue mayor que uno en veinte. Pero seguramente, estos hallazgos no confirman las expectativas comunes de la gente ni de los científicos.

Sabemos que los conductores que usan cinturones de seguridad, tienen en promedio, más probabilidades a sobrevivir un choque que aquellos que no lo usan. De esta manera, usted puede inclinarse a pensar que las leyes que obligan a los conductores a abrochar su cinturón y que incrementan la tasa de uso de cinturones de seguridad reducirán el índice de mortalidad de tráfico per capita en una nación.

Probablemente, también esperaría resultados benéficos similares de la emisión de autos más reforzados contra el impacto y la construcción de carreteras mmás benévolas. Sin embrago, nuevamente resulta que no es esto lo que se ha encontrado en los hechos. Errar es humano. Nuestras percepciones y razonamientos son suceptibles de equivocación.”

Esta es la primera entrega de este gran libro, no dejes de visitar este sitio para saber las novedades, etc. recibimos también tus sugerencias o inquietudes por

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